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Charlas literarias

Este es un espacio para hablar sobre libros y literatura dirigido por Javier Martínez. Permítannos compartir con ustedes los grandes clásicos que han definido al ser humano y los nuevos lanzamientos por los que apostamos en la editorial Cazam Ah; el objetivo del blog es crear un vínculo entre editores y lectores para crear una comunidad interesada en la lectura y el aprendizaje.

Edgar Allan Poe, terror y suspenso

Charla impartida en diciembre de 2019
durante la presentación del libro
Muerte, asesinato y mentira
por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística


Haremos un recorrido por la biografía y las características literarias del autor de Muerte asesinato y mentira, Edgar Allan Poe.

Edgar Allan Poe

Poe nació en Boston en 1809 y murió joven, con solo 40 años de edad. Se supone que sus padres fueron actores de teatro, pero no hay mucha información al respecto porque murieron cuando él tenía solo dos años. A inicios del siglo XIX, el trabajo actoral era muy mal visto, prejuicio que venía desde la época del renacimiento porque exhibirse en las tablas permitía rumores y críticas a los que una persona de alta sociedad no estaba dispuesta a exponerse. Ya Shakespeare se había enfrentado a este problema cuando, en el siglo XVI, intentó formar el primer grupo de actores profesionales y se encontró con que solo prostitutas y borrachos estaban dispuestos a integrarlo.

Aunque Poe provenía de una familia de escasos recursos que no tenía otra manera de ganarse la vida, al quedar huérfano fue adoptado por un rico comerciante de nombre John Allan (de allí el apellido). Sin embargo, parecía que su vida estaba marcada por la tragedia, pues a los seis años murió su madre adoptiva y tuvo que vivir solo con su padrea adpotivo, quien se lo llevó a Inglaterra. Años después volvió a Estados Unidos y estudió en la Universidad de Virginia, de donde lo expulsaron en 1827 bajo los cargos de ser jugador y alcohólico; en su cuento William Wilson se ven aspectos autobiográficos de esta etapa. Poco después, Poe trabajó en una de las tiendas de su familia, pero duró poco tiempo y renunció para irse a Boston.

Ahí publicó Tamerlane y otros poemas y se enlistó en el Ejército, donde solamente sirvió por dos años, aunque logró conseguir un trabajo en la prestigiosa academia militar West Point, de donde lo expulsaron por actitud negligente (no se sabe exactamente qué hizo para ser expulsado). En 1829 publicó un libro de poemas llamado Al Aaraaf y ese mismo año se casó con Virginia Eliza Clemm, su prima hermana, de 14 años. Aunque Poe tenía 23 años, esto era muy común en aquella época. En 1831 publicó el libro Poemas. Poe trabajó esos años como redactor en el periódico Southern Baltimore Messenger, el cual alcanzó muy buen renombre bajo su dirección, lo que también le trajo fama a él como escritor y le permitió publicar Cuentos de lo grotesco y arabesco en 1840; tres años después publicó El escarabajo de oro y en 1845, El cuervo y otros poemas, su libro más conocido.

En 1847 murió su esposa de una larga enfermedad que lo llevó a la depresión y, de nuevo, al alcoholismo y al abuso de drogas, como los opiáceos. Este es un dato relevante puesto que es una de las características que, posteriormente, lo identificarán como parte de los poetas malditos, un grupo de escritores simbolistas entre los que también destacan Baudelaire y Rimbaud. En 1849 encontraron a Poe tirado en una calle de Baltimore y lo llevaron a un hospital, pero solo sobrevivió algunos días: murió de lo que se cree que fue un ataque cerebral (no hay mayor detalle sobre las casusas de su muerte más que su apariencia física avejentada).

Terror y suspenso

Edgar Allan Poe abordó dos géneros literarios: la poesía y la prosa. La priemra fue poco aceptada en Estados Unidos (y en América, en general), pero lo contrario sucedió en Europa, donde fue muy admirado como poeta. En Europa, su obra poética tuvo mucha repercusión entre simbolistas como Mallarmé y el ya mencionado Baudelaire. Como todos los simbolistas, Edgar Allan Poe buscó el ideal poético (ellos lo llamaban spleen), característica que heredaron los modernistas, como Rubén Darío (quienes lo llamaban azul). La poesía de Poe era pesimista pues, para buscar el ideal poético, renunciaba al mundo terrenal que le impedía alcanzar la belleza absoluta que debía de existir más allá del lenguaje.

La prosa de Allan Poe, por la que es más reconocido, especialmente sus cuentos, tiene influencias del romanticismo, pero su principal característica es su lenguaje gótico, oscuro y misterioso que usa para abordar temas místicos y sobrenaturales, incluso de terror. Baudelaire, cautivado por la prosa de Poe, tradujo un compendio de cuentos al que tituló Narraciones extraordinarias y se convirtió en uno de los libros más conocidos del autor. Vale la pena destacar que ninguno de los libros publicados por Poe se llamó Narraciones extraordinarias, sino que este título fue el asignado al compendio traducido por Baudelaire, tradición que se repite en este editorial al elegir y traducir los mejores cuentos de Poe bajo el título Muerte, asesinato y mentira.

Poe fue el precursor de algunos subgéneros literarios, como la novela policíaca, con su detective Auguste Dupin, personaje que aparece en tres diferentes cuentos: Los crímenes de la calle Morgue, Los misterios de Marie Roget y la Carta robada. Además, Poe también es precursor de la ciencia ficción con uno de sus cuentos: Las aventuras de Arthur Gordon Pym, que se trata de un viaje al Polo Sur gracias al uso de la tecnología.

Poe influyó sobre muchos autores famosos, como Arthur Conan Doyle, autor del detective Sherlock Holmes; Julio Verne, quien imitó el uso de tecnología ficticia en viajes; y H. P. Lovecraft, quien admitía que Poe fue su maestro e inspiración para escribir cuentos de terror. Varios autores latinoamericanos también admiten la influencia de este escritor estadounidense en su literatura, como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. De hecho, este último es el más conocido traductor de Poe al español.

Muerte, asesinato y mentira

El libro Muerte asesinato y mentira publicado por la editorial Cazam Ah no solo es una de las pocas traducciones latinoamericanas de Poe, sino que fue hecha exclusivamente por traductoras guatemaltecas; lo usual es que las editoriales latinoamericanas publiquen las traducciones de Cortázar o algunas otras europeas de mediados del siglo XX. Este es un primer intento de Cazam Ah por crear material original en español moderno, de fácil comprensión para los lectores latinoamericanos del siglo XXI. Esto no quiere decir que hayamos cambiado ni resumido la obra original, sino que al traducir se eligieron palabras de uso cotidiano, sencillas de comprender, así como estructuras sintácticas más modernas y comprensibles para los lectores actuales. El compendio lleva este nombre porque los diez cuentos que lo integran giran alrededor de esos tres ejes temáticos: muerte, asesinato y mentira.

El primer cuento del libro es Los hechos del Caso de M. Valdemar, donde un personaje logra encontrar la forma de ser inmortal y un vecino lo ayuda a mantener la máquina que se lo permite. Otro de los cuentos es El entierro prematuro, que trata de un hombre que tiene catalepsia y, por eso, todo el tiempo tiene miedo de ser enterrado vivo. El cuento Berenice desarrolla la fijación de un muchacho con los dientes de Berenice, su amada prima; aquí vale la pena mencionar que actualmente muchas obras de terror estadounidenses incluyen los dientes humanos como elementos de terror, como la serie de Netflix llamada Marianne o la novela (y película) Cujo de Stephen King; en estos y otros casos, los dientes como elemento de terror vienen precisamente de este cuento.

Muerte, asesinato y mentira también incluye La máscara de la muerte roja, un cuento sobre la peste y El barril de amontillado. Amontillado es un lugar de España y así se le llama también al vino producido en aquel lugar; el cuento trata sobre un asesinato del que no entendemos los motivos, pero que usa un barril de este vino como hilo conductor de la venganza. En el compendio también se incluyó el cuento El corazón delator, uno de los más famosos de Poe, que trata sobre el asesinato de un anciano y la culpa que vuelve loco al asesino. El cuento de La rana saltarina habla acerca de un bufón y su amada, quienes planean y ejecutan el asesinato del rey. En Un descenso al Maelström, un cuento que nos hace recordar La Odisea y el monstruo Escila (un remolino que atrae, atrapa y destruye los barcos), se relata cómo un pescador logró sobrevivir al Maleström y cómo es descender por ese abismo.

El compendio Muerte, asesinato y mentira termina con El engaño del globo que, de hecho, no es un cuento, sino un trabajo periodístico de Poe, quien publicó esta nota ficticia sobre el primer viaje trasatlántico en globo, de Inglaterra a Estados Unidos; luego de su publicación, Poe tuvo que informar a sus lectores que la nota era ficticia y, así, aclarar la confusión; algo similar a lo que le sucedió décadas después a Orson Welles con La guerra de los mundos.

El Diario de navegación de Cristóbal Colón

Charla impartida el 3 de julio de 2020por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística


En esta publicación de la Editorial Cazam Ah se actualizó la ortografía (o más bien, la falta de ella) del documento original del siglo XV. Recordemos que la Real Academia Española se fundó hasta 1713 y que la Gramática de Antonio de Nebrija fue publicada el mismo año que Colón zarpó del puerto de Palos, por lo que se desconocía la forma «correcta» de escribir. En la década de 1490, la gente escribía el idioma español como se le venía en gana; así que, por ejemplo, la palabra «vaso» se podía escribir «baso», «vazo», «basso» e, incluso, «vaço». Además, el original del diario no se conserva, sino únicamente una copia que, posiblemente, perteneció a fray Bartolomé de las Casas. Esto lo sabemos porque en algunos pasajes dice «…si la letra no miente» con lo que se da a entender que el copista no está seguro de leer correctamente debido a la caligrafía del autor original.

Cristóbal Colón presionó por seis años a los reyes de España ―después de haber ido con otros reyes, como los de Portugal― para pedirles que financiaran su viaje. Seguramente han escuchado que la reina de España financió el viaje con las joyas de la corona, esto no aparece en el libro, pero sí es un hecho histórico conocido. Para comprender mejor cómo se realizó este viaje es importante conocer el contexto económico de la monarquía europea: la mayoría de reyes realmente no tenía dinero en efectivo, sino el derecho absoluto sobre las personas y las tierras. Ellos eran los dueños de todo, pero para mantener esa posición debían ceder las tierras a los señores feudales, quiénes pagaban tributo a los reyes, pero este solía ser en especie (con productos, no en dinero). Los reyes tenían vacas, pollos, ovejas… pero muy poco dinero en efectivo; al menos, ese era el caso de los reyes de España. Esto, sumado a una vida de lujos, excesos y pésima economía personal, hacía que los reyes tuvieran mucho honor y sangre noble, pero poca solvencia económica. Cuando Colón solicitó dinero para su viaje, lo que la reina hizo fue arrancar las joyas de su corona (literalmente tomó un alicate y arrancó rubíes, diamantes, esmeraldas y otras piedras preciosas de la corona) y las llevó con un prestamista que le dio dinero y guardó las joyas como garantía de pago. Actualmente no se podría hacer algo así porque las joyas son propiedad del Estado, pero en esa época eran propiedad privada de la reina. Fue así como se logró obtener dinero para comprar tres barcos: la Niña, la Pinta y la Santa María. Estas no eran las naves que Colón hubiera elegido, pues para el viaje hubieran sido mejor barcos más grandes, pero todos habían sido ya vendidos o alquilados porque el mismo día que él zarpó, era el último día que los árabes y judíos tenían para abandonar España y, con ello, terminar la Reconquista.

Colón zarpó del puerto de Palos el tres de agosto de 1492, pero estaba muy molesto por el servicio recibido ahí. Antes de zarpar, pidió que calafetearan sus naves, un procedimiento náutico para sellar las hendiduras entre los tablones con que se construyen los barcos; «calafetear» implica tomar resina y hacer una mezcla impermeable con chapopote y otros ingredientes que sella la madera para evitar que la nave «haga agua», como dicen los marineros, y se hunda. Colón estaba muy molesto por el pésimo trabajo que le hicieron a sus naves en Palos ya que, como veremos más adelante, una de ellas se perdió y otra estuvo a punto de naufragar durante el regreso.

Una vez en alta mar, el almirante Colón llevaba doble contabilidad de millas. Mientras públicamente informaba sobre cierta cantidad de millas náuticas avanzadas, en su diario anotaba la verdadera, que siempre era mayor a la informada a la tripulación; esto lo hacía para que no se asustaran por lo lejos que estaban del continente y, a su vez, para evitar que otro marinero hiciera un mapa a escondidas.

Sabemos que Colón fue enviado para encontrar una ruta alternativa a la India y que, concretamente, lo que debía encontrar era especies o condimentos alimenticios, como pimienta, clavo de olor y azafrán (lo que da el color amarillo a la paella española). La comida europea de aquella época era bastante desabrida, sin sabor, porque los condimentos eran muy caros; esto se debía a que, para obtenerlos, debían ser importados desde India, pasar por China, Rusia, Europa del Este y las cosas del mar Mediterráneo hasta llegar a España. Obviamente, cada eslabón de esa enorme cadena comercial obtenía una ganancia que se sumaba al costo de la próxima transacción, lo que provocaba que el precio en el punto final de venta fuera absurdamente elevado. Sin embargo, Colón no encontró especies en su primer viaje.

El principal producto que Colón encontró en América fue el «lináloe», un aceite que se obtiene de cierto tipo de árbol y que se caracteriza por su olor a limón. Es un producto usado para fabricar perfumes y medicinas; de hecho, el almirante menciona con mucha admiración la gran cantidad de lináloe encontrada y se llevó muestras para los reyes. Este fue el producto principal del primer viaje, pero hubo otros, como el algodón y, en algunas islas caribeñas, madera de pino. Colón anotó que esto le resultaba relevante pues con ello confirmaba que en América se podrían fabricar barcos y lo tranquiliza saber ya llevaba en su tripulación carpinteros capaces, ahora con esa madera, de construir barcos si llegara a necesitarlos.

Así como Colón llevaba carpinteros en su tripulación, también iba preparado con dos expertos en lenguaje: Luis Torres y Rodrigo de Jerez, entre los dos hablaban español, hebreo, caldeo (una lengua de Babilonia) y árabe. Sabemos también que el almirante hablaba italiano y portugués; el almirante esperaba que, con tantos idiomas, fueran capaces de entenderse con los nativos, pero no resultó así y, al final, solo se lograron comunicar por medio de señas y gestos.

Después del primer contacto entre europeos y americanos sucedido el 12 de octubre de 1492, el almirante comenzó a visitar diferentes islas del Caribe. Sin embargo, la Pinta, la nave más «velera» (rápida), se adelantó al punto que la perdieron de vista; el capitán a cargo, Martín Alonzo, dijo luego que los vientos lo arrastraron, pero el almirante no le creyó y supuso que se separó a propósito para comerciar oro por su cuenta y no rendirle cuentas a él ni al Rey. Se debe aclarar que los españoles sí traían collares de vidrio con cuentas de colores que cambiaban por oro, pero se quejaban de que este era de tan mala calidad que, a veces, debían aceptarlo en forma de polvo. En este primer viaje, Colón hizo todo lo posible para que los indígenas le mostraran la fuente del metal precioso, pero no logró dar con ese lugar.

Con la Pinta perdida, Colón solo se quedó con dos naves; con ellas continuó su viaje, pero una noche, cerca de la Navidad de 1492, se fue a dormir y dejó la Santa María encargada a un marinero experimentado quien, al ver que el mar está tranquilo, a su vez se fue a dormir y el barco quedó a cargo de un aprendiz, quien también cayó dormido. Cuando todos despertaron se dieron cuenta de que la nave había encallado en un banco de arena. Aunque intentaron rescatarla con ayuda de algunos indígenas aliados, no lo lograron y Colón decidió abandonarla ahí, junto con un pequeño grupo de españoles para que con la madera hicieran un fuerte. Se trata del famoso Fuerte Navidad que el almirante encontraría, en su segundo viaje, totalmente destruido y abandonado, pues los españoles fueron asesinados por haber consumido en pocos meses las provisiones de un año de la isla.

Durante su regreso a España en la Niña, Colón se encontró con la Pinta; de hecho, vieron la nave de lejos y se acercaron sigilosamente; al alcanzarlos, el capitán Alonzo le dijo que lo estaba buscando, pero Colón nunca le creyó y anotó en su diario que estaba muy molesto y que, al llegar a España, lo demandaría judicialmente.

Durante el regreso los tomó por sorpresa una tormenta que casi deshizo ambos barcos y quedaron a punto de naufragar; se vieron obligados a refugiarse en las islas Azores, propiedad del rey de Portugal, pero se dieron cuenta de que el alcalde los quería tomar prisioneros, así que zarparon de nuevo a pesar de la tormenta y lograron escapar. Al irse, aún lograron enterarse del porqué intentaron capturarlos: el rey portugués había puesto precio a la cabeza de Colón para interrogarlo sobre lo que encontró y cómo llegar; en otras palabras, Portugal intentaba quedarse con su descubrimiento. Colón continuó su viaje y pocos días después logró llegar a Europa; para su desgracia, la tierra que encontró primero fue Portugal y, con los barcos tan dañados, no podía seguir navegando. Se acercó al puerto y no le quedó más que aceptar la «invitación» del rey portugués para ir a su corte y contarle sobre su viaje. Colón viajó por tierra, escoltado por soldados portugueses, cerca de una semana para ver al rey en su palacio de verano, donde lo recibió muy bien. Según Colón, el rey de Portugal trató de convencerlo para que no volviera a España, pero Colón no aceptó. El almirante emprendió otro viaje por tierra hacia España para informar a los reyes sobre lo descubierto y sucedido, mientras que le dio la orden a la Pinta y a la Niña de que fueran reparadas y zarparan hacia Palos con toda la tripulación en cuanto estuvieran listas.

Colón menciona una y otra vez en su diario que los reyes españoles le prometieron nombrarlo virrey de todo lo que descubriera, pero nunca sucedió. Aunque los reyes sí lo prometieron, nunca lo cumplieron y, para ello, buscaron tecnicismos que anularan el contrato. Lo encontraron en este argumento: aunque el almirante sí encontró algo, no fue lo que prometió (India), sino un nuevo continente, como lo había demostrado Américo Vespucio al realizar el mapa de la costa atlántica de América. Por cierto, esta es la razón por la que el continente se llame América y no Veragua, como quería Colón. Los reyes españoles hicieron esto porque sabían que el territorio descubierto era más grande que España y no deseaban tener un virrey más poderoso que ellos. El pleito judicial fue tan largo, que Colón murió antes de que se resolviera y, a pesar de que no tuvo el reconocimiento oficial que deseaba, latinizó su nombre a «Christopher Colombus», como solían hacerlo las personas de abolengo en aquella época.

El primer viaje de Colón: hechos y mitos

El Diario de navegación es el primer documento en español escrito en América y en él se usan por primera vez varias palabras que luego formaron parte del vocabulario usual de este idioma, como «canoa» para referirse a estos barcos pequeños. También es la primera vez que aparece la palabra «caníbal», el nombre de una etnia antillana a la cual temían los nativos capturados en las naves españolas porque aseguraban que comían carne humana. Vale la pena aclarar que antropológicamente es común que un grupo étnico acuse de canibalismo al rival; esto, porque así pueden considerar a «los otros» como «salvajes», pero rara vez resulta ser una acusación certera y, mucho menos, una práctica cotidiana. Otra palabra que aparece por primera vez en este diario es «cacique», que era el nombre con el cual se le denominaba al líder de las etnias antillanas.

Uno de los «lengua» (traductor) que iba con Colón, el judío Luis Torres, fue el primer fumador en Europa (al parecer, se llevó tabaco de regreso) y, durante una reunión, le enseñó a sus amigos a fumar con una pipa de barro, pero los invitados se asustaron y lo denunciaron ante la Inquisición, quien encontró demoníaco que una persona sacara humo por la boca sin quemarse por dentro; por esto le impusieron una pena de siete años de prisión y, al salir, Torres se encontró con que el consumo de tabaco ya se había difundido por toda Europa.

Al no ser de mucha utilidad sus traductores, Colón secuestró indígenas, hombres y mujeres, para que aprendieran español y también los pensaba llevar a Europa, como muestras para los reyes. El almirante también mencionó que su tripulación le «solicitó» llevar mujeres y, con ello, entre líneas, admite que los secuestros tenían la finalidad de saciar la sexualidad de los marineros; llega, incluso, a admitir que las mujeres secuestradas eran elegidas por sus «muy bonitos cuerpos».

La mala comunicación entre españoles y antillanos generó algunos de los mitos que hoy existen sobre el primer viaje, como que Colón y su tripulación buscaban gigantes. Lo que realmente sucedió fue que, al no comprenderse por medio del lenguaje hablado, cuando el almirante preguntaba cómo llegar a las minas de oro, los indígenas respondían con gestos y estos fueron mal interpretados. Durante estas largas conversaciones por señas, los españoles entendieron que en América existían gigantes, como los cíclopes, y una isla habitada únicamente por mujeres, como las Amazonas, ambos en realidad no eran más que mitos grecolatinos que el Renacimiento había traído de vuelta al inconsciente colectivo español. Aunque buscaron la isla habitada por mujeres y supuestamente pasaron cerca, Colón no pudo detenerse para explorarla porque recién habían perdido la Santa María y desconfiaba de la tripulación de la Pinta.

Otro mito famoso es que Colón vio ovnis; aunque no se sabe con certeza qué vio, el almirante sí registró en su diario haber visto luces en el cielo. No le dio mucha importancia ni se detuvo a comentarlo, solo afirmó en una o dos líneas que cierta noche se vieron unas luces que se movían en el cielo y lo tomó como buen augurio o señal de buena suerte.

Otro mito es que Colón vio sirenas y, efectivamente, Colón registró haberlas visto e, incluso, comentó que esperaba que fueran más bonitas y con mejor cuerpo, porque las vio un poco gordas y con bigote. Hoy suponemos, como el premio Nobel de literatura García Márquez, que lo que el almirante realmente vio fue morsas que tomaban el sol sobre algunas piedras. En general, los animales americanos llamaron la atención de los primeros españoles; por ejemplo, notaron que cuando llegaban a un pueblo indígena, veían perros amarrados afuera de las casas, pero ninguno ladraba. Hasta hoy no se sabe si realmente eran perros o si los indígenas cortaban las cuerdas vocales de los animales domésticos.

Épica grecolatina

Charla impartida el 26 de junio de 2020por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística


Para empezar, hablaremos de la Grecia antigua, alrededor del año 1200 a. C al 146 a. C., más de tres mil años atrás, y de todo el periodo en que Grecia formó parte del Imperio romano: del año 146 a. C al 330 d. C., cuando se estableció Bizancio como la nueva capital del Imperio. Estamos hablando, entonces, de un período de aproximadamente 1 500 años; lo anterior a la Edad Media. Posteriormente, desarrollaremos las tres principales obras épicas de dicho período.

¿Qué entendemos entonces por «épica»?

Se trata de uno de los tres principales géneros literarios, los cuales se dividen en tres: la poesía, que está escrita en verso, a veces tiene rima y métrica, pero siempre tiene ritmo (literalmente hablamos de un ritmo que se puede seguir con tambores, de ahí su relación con la música); la prosa, que se caracteriza por una redacción como la que utilizamos en las cartas o en los libros de texto, donde se escribe formando líneas que a su vez forman párrafos (no suele tener rima ni métrica, aunque algunos dicen que sí tiene ritmo); y, por último, el drama, que es sinónimo teatro, usualmente escrito como guion y pensado para montarse en escena.

Dentro de la poesía hay dos subdivisiones: la épica y la lírica. Esta última habla de amor en todos los sentidos: amor de pareja, amor de amigos, amor de familia y otros temas de la vida cotidiana, cómo lo que pasó ayer o lo que pasó durante un viaje; por eso las letras de las canciones se llaman lyric en inglés, ya que son los temas que usualmente aborda.

Por su lado, la épica habla de orígenes, pero orígenes en el sentido más amplio que podamos concebir: desde la creación del universo por dioses y figuras míticas, hasta héroes que fundaron ciudades o linajes. Un héroe es alguien que destaca, pero esto debe aclararse cuando hablamos de época grecolatina, pues actualmente la idea de héroe se apega a la figura de la obra épica más difundida, la Biblia, donde el héroe, Jesús, se sacrifica por los demás; sin embargo, en la época grecolatina, un héroe no se sacrificaba, sino que, consciente de su superioridad, resultaba ser engreído, narcisista, egoísta y pretensioso. La épica es, entonces, una forma de poesía que habla de héroes, dioses, orígenes, guerras y mitología; la épica grecolatina habla de eso mismo, pero dentro del contexto cultural de la antigua Grecia y del Imperio romano. Dentro de estas obras épicas destacan La Ilíada, La Odisea y La Eneida. Las tres están resumidas en el libro que hemos publicado en la editorial Cazam Ah bajo el tíutlo Épica grecolatina.

La Ilíada

Homero, quien pudo haber vivido alrededor del siglo VIII a. C, era un aedo, un juglar, una persona que se dedicaba a contar historias a los demás y recibía pago por ello; no se trataba de un limosnero, sino de un profesional del entretenimiento. Recordemos que en esta época (hasta la Ilustración del sigl XVIII d. C.) leer y escribir eran conocimientos meramente técnicos, herramientas de profesiones concretas, como los aedos. Podemos imaginar a Homero como una persona que, por las tardes, reunía grandes cantidades de oyentes en las plazas y los entretenía, hasta que cayera la noche, así como hoy nosotros regresamos a casa y encendemos la televisión o la computadora; exactamente lo mismo era un aedo, pero también tocaba instrumentos musicales, organizaba presentaciones de títeres, de teatro… ¡Era, en verdad, un profesional completo del entretenimiento!

Por otro lado, llama la atención la palabra «Homero», que en griego quiere decir «ciego»; es interesante porque hay dos teorías acerca de este escritor: Una de ellas dice que fue una persona real, de carne y hueso; quienes así lo afirman, argumentan que en toda la obra homérica se repiten cierto tipo de palabras, estructuras gramaticales y estilísticas que solo pueden existir si un solo autor escribió la obra; la otra teoría dice que Homero nunca existió y que, de hecho, los textos que tenemos hoy fueron escritos en la biblioteca de Alejandría, donde se albergaban varias copias de la obra homérica que fueron unificadas en una sola versión. Dicha fijación del texto seguramente fue el producto de varios libreros o editores que trabajaban en la biblioteca de Alejandría y así, juntos, generaron una sola versión oficial que llegó hasta hoy; esta teoría también argumenta que la firma de «Homero» es un sinónimo de autor «anónimo», ya que muchos ciegos, al no poder tener un oficio tradicional, se dedicaban al entretenimiento en la época griega.

Si bien ya se mencionó que los héroes grecolatinos eran engreídos y pretenciosos, cabe aclarar que esta era una cuestión cultural: ni los griegos ni los romanos creían en la vida después de la muerte, sino que al morir el alma se iba al Hades, una especie de cueva donde simplemente estaban todas las almas y reposaban por la eternidad lamentándose por las cosas que no pudieron hacer en vida. Por lo tanto, solo en vida se podía hacer historia y solo los héroes dejan su marca en el mundo; el héroe que sabe que pasará a la historia por sus acciones excepcionales, puede ser pedante porque sabe que, de alguna manera, ya ha llegado a la inmortalidad. Otra característica de los héroes homéricos es que no hay buenos ni malos y eso permite que la trama sea mucho más interesante; esto no aplica solo para la épica, sino para todo género de la literatura grecolatina. Encontraremos que todos los personajes tienen una razón de ser, un motivo que los mueve a hacer lo que hacen y justifica cómo lo hacen. Por ejemplo, años antes de la guerra de Troya, París se enamoró de Helena porque era la mujer más hermosa del mundo, pero él también era el hombre más guapo, parecía que el destino los había unido y sí, fue un poco así debido al mito de la manzana de la discordia: en el Olimpo platicaban tres diosas, Atenea, Afrodita y Hera, cuando alguien, no se sabe quién, lanzó una manzana de oro que traía una etiqueta que decía «Para la más bella». La manzana rodó hasta el centro del grupo y, por supuesto, las tres diosas intentaron recogerla. Entonces empezó una pelea entre las tres para decidir quién es la más bella; al no acordar nada, fueron con Zeus para que decidiera, pero él se negó a participar ya que se trataba de Hera, su esposa; Atenea, su hija favorita; y Afrodita, la diosa de la belleza. Zeus prefirió no meterse en líos y designó a un humano cualquiera, París, para que resolviera el asunto. Cada una de las diosas le ofreció al humano un regalo para comprar su voto: Hera le ofreció casarlo con una mujer fiel y hacendosa; Atenea, convertirlo en el hombre más sabio del mundo; y Afrodita, hacerlo el hombre más guapo del mundo y otorgarle el amor de la mujer más hermosa. París aceptó el regalo de esta última y es por eso que, al final, Helena cayó en sus brazos. Nunca queda claro, entonces, si Helena realmente fue secuestrada por París o si ella se fue por su propia voluntad; sin embargo, sí encontramos en La Odisea que Helena regresó con Menelao después de la guerra de Troya y viven felices.

Cabe destacar de La Ilíada su estructura narrativa lineal, la cual sigue un orden cronológico: a un evento en el pasado le sigue otro en el presente y a este, otro en el futuro. Otra característica importante es que está dividida en 24 cantos o rapsodias y que está escrita en hexámetros, esto es importante porque resulta imposible traducir el poema ya que esta métrica no se puede replicar en español; es por eso que casi todas las traducciones y adaptaciones, incluso la de la Editorial Cazam Ah, están en prosa. Este es un problema usual con prácticamente cualquier poesía, traducir o adaptar su ritmo y métrica resulta muy difícil (si no imposible) de un idioma a otro; esta es la razón por la cual otras obras épicas, como la Biblia, tienen versículos: referencias en prosa a los versos hebreos y arameos originales.

Otra pregunta recurrente es por qué se llama La Ilíada si la acción ocurre en Troya. Recordemos que los griegos tenían muchos nombres para la misma cosa, así que la ciudad de Troya también se conocía como Ilion; son sinónimos. Un error muy común es pensar que La Ilíada habla sobre la guerra de Troya, pero no es así: trata del enojo de Aquiles. La guerra de Troya, en teoría, duró diez años y la Ilíada solamente cuenta lo que sucedió durante 51 días. ¿Por qué se enojó Aquiles? Bueno, es una larga historia que comienza por explicar que en el campo de batalla hay dos grandes ejércitos: el griego y el troyano, pero cada uno está formado, a su vez, por una coalición, una alianza de pequeños reinos, de tal manera que tenemos reyes al mando de cada uno de sus propios ejércitos y, a la vez, reyes al mando del comandante general: Agamenón para los griegos y Héctor para los troyanos. Un ejemplo sería el caso de Eneas, quien es el rey y líder de los dárdanos, pero forma parte del ejército troyano al mando de Héctor, el príncipe troyano. En esta guerra participó Aquiles o Aquileo, rey de los mirmidones y el mejor soldado de todo el ejército griego; Aquileo es muy pedante y pretencioso, pero, sobre todo, arrogante y temerario. En una de tantas batallas secuestró una muchacha y esto trajo desgracias para su Ejército, por lo que le quitaron su botín de guerra y él lo tomó como una grave deshonra; aunque esto lo enojó al punto de retirarse de la guerra, no se enojó tanto como cuando, poco antes de regresar a su patria, muere su mejor amigo, Patroclo, lo que lo mueve a volver a la batalla y con esto cambia el rumbo de la guerra.

La Odisea

Esta es otra obra épica de Homero; también de 24 cantos o rapsodias y escrita en hexámetros. En la literatura, La Odisea aportó dos cosas importantes: el tema del viaje como centro de la narrativa y como metáfora de un cambio en la personalidad, así como el hecho de reconocer a un personaje por medio de una cicatriz, elemento que se sigue repitiendo en diferentes historias actuales, como Harry Potter. También es relevante hablar sobre la complicadísima estructura de esta obra: sí La Ilíada es lineal en cuanto a su desarrollo cronológico, La odisea es extremadamente moderna si recordamos que fue escrita durante el siglo VIII a. C.: comienza como una obra lineal, pero luego tiene escenas retrospectivas que permiten al lector conocer el pasado del personaje principal, Odiseo (también llamado Ulises); luego, cuando las retrospectivas alcanzan el momento actual con que inició el poema, aparecen dos líneas temporales: una corresponde a Odiseo, que vuelve a su hogar en Ítaca y la otra, a su hijo Telémaco, quien sale a buscar a su padre. Ambas líneas temporales se unen para el desenlace, el cual es abierto, ya que la diosa Atenea baja del Olimpo para asegurarnos que Odiseo seguirá viajando, pero que por ahora necesita un descanso. Así, la diosa deja abierta la aventura de Odiseo, que seguramente estaba desarrollada en otros libros que hoy están perdidos en el tiempo.

La Eneida

Esta es la obra épica romana por excelencia y fue escrita por Publio Virgilio Marón durante el siglo I a. C. Tiene una estructura lineal, pero su contenido prácticamente es copia de La Odisea y La Ilíada; sin embargo, el poema está ordenado en 12 libros también escritos en hexámetros. La Eneida se escribió por encargo: el emperador Augusto le ordenó a Virgilio resolver un problema cultural romano: toda la cultura del Imperio era una copia de la griega a pesar de que los romanos conquistaron militarmente a los griegos. Dioses, costumbres, literatura, teatro, todo era una adaptación romana de lo griego y era tan obvio que, en el caso de la religión, solo cambiaron el nombre de los dioses: el Zeus griego pasó a llamarse Júpiter; Afrodita, Venus; Ares, Marte; Hefesto, Vulcano; etcétera. Los romanos siempre tuvieron ese sentimiento de inferioridad cultural ante los griegos y es lo que el emperador Augusto ordenó cambiar a Virgilio al encargarle una obra épica tan grande y tan buena como las de Homero; las instrucciones eran clara: Virgilio debía explicar el origen de los romanos con la mitología griega y justificar su dominio sobre Grecia.

Virgilio se encontró con un gran problema porque no existía tal mitología ni historia romana; no había una justificación para que los romanos hubieran tomado la cultura griega y hacerla propia, pero encontró una solución: tomó un cabo suelto en la literatura griega e inventó un nuevo mito a su alrededor. Para ello, argumentó que los romanos era descendientes de los troyanos; en otras palabras, sugirió que cuando los romanos llegaron a Grecia y tomaron esa cultura, no la estaban robando, sino recuperando su herencia cultural. Virgilio tomó un personaje que en la mitología griega se había quedado a un lado: Eneas, el rey dárdano. Este rey, mencionado varias veces en La Ilíada como uno de los aliados troyanos, amigo de Héctor, gran guerrero e hijo de Afrodita, no tenía un desenlace en la obra homérica. Virgilio lo convirtió entonces de personaje secundario a principal y escribió su propia épica imitando la de Homero: en los primeros seis libros imitó los viajes de Odiseo, pero con Eneas como protagonista, y del libo VII al XII imitó La Ilíada al relatar las guerras que Eneas ganó, de manera tan espectacular que no tenía nada que envidiarle a Aquileo. En la primera parte, Eneas viaja con los sobrevivientes troyanos con la misión de fundar una nueva Troya (es la primera vez que en la literatura un héroe tiene una misión, algo muy coherente con el pensamiento militar romano) y en la segunda, lucha con varias tribus para aliarse con el rey Ítalo y fundar una nueva Troya en su territorio; para ello se casa con la hija del rey, Lavigna, de cuya unión nacerán, luego de varias generaciones, Rómulo y Rémulo. De esta manera Virgilio logró unir la mitología romana con la mitología griega y darle continuidad.

«Prometeo encadenado» y el teatro griego

Charla impartida el 19 de junio de 2020por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística

Drama no es sinónimo de tragedia. Muchas veces, en el lenguaje coloquial se dice que algo es dramático por dar a entender que es trágico o que tiene un final negativo para el personaje principal. Sin embargo, drama significa que algo está hecho para montarse en las tablas, en el escenario de un teatro. De hecho, lo anterior es la característica principal del género dramático y no que se use el diálogo, ya que existen diálogos que no son dramas; por ejemplo, los Diálogos de Platón no son drama porque presentan a Sócrates hablando con otros personajes, como Cratilo, de manera monótona, sin acción, y sería muy aburrido ver ese montaje donde solo aparecería Sócrates hablando con otros personajes sin movimiento, sin trama, sin nudo; simplemente serían dos personas platicando mientras intentan convencerse mutuamente sobre una idea abstracta. Lo mismo pasa con Fausto, de Von Goethe, que aunque está escrita como diálogo, no es una obra para presentarse en teatro porque, primero, contiene algunas escenas imposibles de ejecutarse (como un perro que se convierte en ser humano); segundo, la obra es demasiado larga para montarse en escena pues, cuando se ha intentado, dura más de diez horas continuas.

El teatro griego

Una vez claro en qué consiste el género dramático, abordaremos el teatro griego. Este surgió durante el siglo IV o V a. C., concretamente en la región llamada Ática. Tiene su origen en las fiestas dionisíacas que se llevaban a cabo durante la época de la vendimia (cuando se cosecha la uva para hacer vino). Los griegos detenían todas las actividades laborales para socializar y beber vino en exceso durante esta época; las fiestas estaban íntimamente relacionadas con el dios del vino, Dionisio para los griegos y Baco para los latinos. Este dios tiene una característica interesante: en la mitología griega, fue el último en asimilarse. El mito cuenta que nació de una infidelidad de Zeus a su celosa esposa Hera y, para encubrir la existencia del niño, el dios del rayo engendró al niño en su muslo; luego, al nacer, lo entregó a los sátiros para que lo criaran, donde aprendió a fabricar vino. Es importante destacar que los sátiros son aquellos seres mitológicos con cuernos, barba y extremidades inferiores de cabra. Al crecer, el mito cuenta que Dionisios tuvo que recorrer Grecia para convencer a los diferentes pueblos de que lo adoraran; aquellos lugares donde lo aceptaban como un dios, eran bendecidos con vino y teatro, pero donde lo rechazaban, eran castigados con el alcoholismo y su pueblo era arrasado por las sacerdotisas del dios.

Si se observa con atención, se descubrirá que los sátiros se representan plásticamente igual que los demonios cristianos y esto no es una causalidad; está íntimamente relacionado con la prohibición del teatro durante los primeros años del cristianismo. Cuando los primeros cristianos trataban de convertir a los paganos, se toparon con que había un dios al que, específicamente, no querían olvidar: Dionisios. A pesar de que el imperio romano ya se había convertido oficialmente al cristianismo, los ciudadanos romanos no olvidaban a sus dioses, sus ritos y, especialmente, a los más queridos, como Dionisio, cuyos ritos incluían vino, teatro y orgías. Los primeros cristianos, por lo tanto, literalmente satanizaron todo lo relacionado con Dionisio, como los sátiros, y prohibieron el teatro. Para comprender la dimensión de los ritos dionisiacos, hay que mencionar que este dios del vino y los instintos no tenía sacerdotes varones, sino sacerdotisas, quienes una vez al año se reunían en la isla Lesbos para llevar a cabo multitudinarios ritos orgiásticos lésbicos (obviamente la palabra «lesbiana» viene de «Lesbos»). La mitología terminaría convirtiendo a estas sacerdotisas, también llamadas bacantes, báquides o valkirias, en amazonas, las guerreras que invadían pueblos y robaban niñas para integrarlas a sus líneas. Aunque las amazonas son un mito, está clara su relación con los históricos ritos dionisiacos en donde las sacerdotisas imitaban a su dios al visitar pequeños pueblos donde, si les dan insumos para su rito, invitan al pueblo a una fiesta con vino y teatro, pero, de lo contrario, invadían, destruían y saqueaban todo; una obra teatral que ejemplifica esto es Las bacantes de Eurípides. Una teoría sobre el origen del teatro griego afirma que durante estos ritos dionisiacos, los griegos descansaban y dejaban a los niños al cuidado de los sacerdotes, quienes pronto, para entretenerlos, comenzaron a representar el mito de Dionisios: cómo había sido engendrado, su educación con los sátiros, su peregrinaje por el mundo, etcétera. Seguramente durante estas representaciones comenzaron a usar máscaras y a organizarse mejor hasta desarrollar el teatro. Posteriormente, los griegos organizaban largas temporadas de teatro que empezaban al amanecer y llegaban a altas horas de la noche; de hecho, se trataba de competencias teatrales donde el público elegía a los ganadores con su aplauso; el ganador recibía una plaqueta grabada con la obra de algún poeta famoso y esto consistía un alto honor.

Las obras griegas de drama se presentaban en trilogías, aunque lamentablemente hoy solo nos queda una completa: la Orestiada de Esquilo. Otra característica del teatro griego era su musicalidad; de hecho, el músico Richard Wagner, en su obra Las Walkirias, intentó recrearlo; por lo tanto, lo más parecido al teatro griego actualmente es la ópera. Los mismos personajes están pensados para la música, pues, por ejemplo, las obras incluyen grupales llamados «coro». El coro cantaba al unísono y, a veces, se subdividía: cuando solo cantaba un solista se llamaba «corifeo» y cuando el coro se dividía en dos, para hablar consigo mismo, una parte se llamaba «estrofa» y la otra, «antiestrofa». El coro solía representar la opinión popular.

La tragedia

Aunque las obras de teatro griego siempre se presentaban en trilogías, hoy solo quedan unas pocas; de hecho, solo nos quedan las obras de tres trágicos (Esquilo, Sófocles y Eurípides) y un cómico (Aristófanes).

La Orestiada, única trilogía completa que queda, fue escrita por Esquilo, el más antiguo de los trágicos. Varios teóricos afirman que Hamlet, de Shakespeare, es una adaptación de este clásico. Hamlet es un príncipe de Dinamarca que debe vengar la muerte de su padre pues sospecha fue envenenado por su tío para quedarse con el reino y con la reina, quien posiblemente fue su cómplice. Por su lado, en la Orestíada, Orestes es el príncipe de Micenas y debe vengar la muerte de su padre, Agamenón, a manos de Clitemnestra, su madre, y de Egisto, el amante de esta. En un su primera parte, titulada Agamenón, la Orestiada relata cómo el rey fue asesinado al regresar de la guerra de Troya y los asesinos se deshacen de los herederos: Orestes es enviado al extranjero y Electra es convertida en sirvienta del palacio. En la segunda parte, titulada Las coéforas, Orestes regresa a Micenas, instigado por su hermana Electra, para matar a su madre y a su amante en venganza del padre. La tercera y última parte, titulada Las Euménides, describe el juicio que los dioses hacen a Orestes por parricidio: Atenea es la jueza, el pueblo de Atenas el jurado (coro), las diosas vengadoras del parricidio son las fiscales y Apolo, el defensor. Orestes gana el juicio porque, para los griegos, en la familia era más importante el padre que la madre; para argumentar esto, Apolo le recuerda al jurado que la misma jueza Atenea nació solo del pensamiento de Zeus, por lo que no se necesita una madre para engendrar (los griegos pensaban que la mujer era como una incubadora que no aportada nada a la criatura que ya venía completa desde el hombre).

Sófocles escribió varias tragedias, pero destaca Edipo rey, ampliamente reconocida como la mejor del mundo griego. Edipo es aquel personaje que mata a su padre y procrea hijos con su madre. Aunque la trilogía de Sófocles está incompleta, conocemos bien el mito porque aún se conservan otras obras que lo complementan, como Edipo en Colono, también de Sófocles, o Los siete contra Tebas, de Esquilo. Todas estas obras relatan la historia completa de la familia maldita, la familia real de Tebas. Por último está Eurípides, que es el más moderno de los trágicos y escribió obras como Medea, Electra y Orestes, entre otras. Vemos, entonces, que la mitología era el tema principal de la tragedia griega y, aunque muchos autores repetían el mismo mito en sus obras, lo hacían desde diferentes perspectivas.

La comedia

Usualmente, la comedia griega no es tan reconocida como la tragedia; esto se debe a que aborda temas con mucha carga sexual y usa muchas palabras soeces o inapropiadas. Sin embargo, el principal problema es que la comedia griega hace referencia a la política y al momento coyuntural de su sociedad. En otras palabras, para comprender la comedia griega hay que entender el contexto del que habla el comediante, pues hace chistes con el aspecto o con lo que dijeron personas vivas en su momento; personas que, además, no quedaron registradas en la historia universal. Es fácilmente comparable con el fenómeno latinoamericano del teatro «del jajaja» o de la risa fácil, el cual también tiene referencia a políticos, artistas, personajes y escándalos del momento.

Sin embargo, el comediante Aristófanes acertó al elegir temas que, aunque incluían personajes del momento, abordaban grandes verdades humanas y, por eso, tenemos hoy todavía algunas de sus obras; de hecho, es el único comediante griego del que nos quedan obras.

El filósofo Aristóteles, en su libro Poética, analiza la literatura de su cultura. Él opina que el arte literario por excelencia es la tragedia y que, dentro de todas, Edipo rey de Sófocles ser la mejor porque ejemplifica la esencia trágica: si a un personaje malo, como un asesino, le pasan cosas malas, nadie sentirá tristeza por él (hoy lo llamaríamos karma), pero si a un personaje muy bueno le pasan cosas malas, entonces habrá tragedia. Como curiosidad, el libro de Aristóteles menciona al final que en una segunda parte hablará sobre la comedia; sin embargo, dicho documento jamás se ha encontrado y esa es precisamente parte del argumento de la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco.

La puesta en escena

En el teatro griego solamente los hombres podían actuar; sí había un personaje femenino, era interpretado por hombres. Los actores utilizaban todo el tiempo una máscara enorme que representaba el gesto o sentimiento general de su personaje. Dichas máscaras no eran del tamaño común de una cara, sino mucho más grandes, hasta la mitad de su pecho para que, desde la última fila, pudieran verlos. Dentro de esta máscara llevaban una sordina, una especie de megáfono; el mismo teatro estaba pensado para mejorar la acústica, ya que se ubicaban cántaros gigantescos con agua debajo del escenario para amplificar el sonido. Los actores utilizaban zapatos de plataforma, llamados coturnos, de tal manera que se veían más altos.

El graderío donde estaba el público era usualmente excavado en una pequeña colina y, abajo, se ubicaba el escenario; muchas veces se elegían colinas que daban al mar para que la vista fuera espectacular durante los ocasos.

Los griegos también inventaron el deus ex machina, un recurso que todavía se utiliza hoy en la literatura, la televisión y el cine. Este recurso, que literalmente significa «el dios que baja de la máquina», como lo menciona Aristóteles en su Poética, consiste en que algunos dramaturgos llegaban a enredar tanto la trama que ya no sabían cómo resolverla y, para ello, introducían un dios que, mágicamente, resolvía todo. El deus ex machina era, entonces, una especie de licencia poética que el mismo Aristóteles clasificaba como un recurso barato, un indicador de que el escritor era malo y usaba la salida fácil. Se debe entender que el deus ex machina también era, literalmente, una máquina o grúa detrás del escenario que permitía entrar y salir al actor que personificaba al dios.

Prometeo encadenado

Antes de abordar el contenido de la obra de Esquilo, se debe abordar el problema que representa la traducción y adaptación de los clásicos griegos; dicho problema se suele centrar en el lenguaje elegido para la edición publicada. En Latinoamérica suele ser popular, a nivel escolar, una traducción española de un famoso filólogo de inicios del siglo XX. El traductor no estaba mal, porque él había escrito para un lector europeo, contemporáneo suyo, y estudiante universitario; el problema era asignar esa traducción en un país latinoamericano a un estudiante de 15 años aproximadamente. Este error, usualmente cometido por los docentes o por los padres que eligen la edición que leerá el estudiante, es muy común en nuestros países. Es por eso que en la Editorial Cazam Ah publicamos esta obra, pero pensando en los estudiantes latinoamericanos del siglo XXI, con un lenguaje comprensible y una edición contextualizada y adaptada a nuestras necesidades educativas y culturales.

Prometeo encadenado era parte de una trilogía, como todas las obras teatrales griegas; sin embargo, no quedan hoy las otras dos partes. Por referencias de otros autores se sabe que la primera parte se llamaba Prometeo portador del fuego y, la última, Prometeo liberado; por lo tanto, esta que nos queda correspondía a la parte media de la trilogía.

Prometeo no era un dios, sino un titán, que es un tipo de ser gigantesco capaz de enfrentarse a los dioses y, de hecho, lo titanes son más antiguos que los dioses del Olimpo. Los titanes se organizaron para oponerse al intento de Zeus de tomar el poder absoluto, por lo que, al ganar la batalla, el dios del rayo los desterró al Tártaro, un lugar en el Hades; solo dos titanes se pusieron del lado de Zeus: Prometeo y su hermano Epimeteo. Había un tercer hermano, Atlas, pero él apoyó a Cronos y, como castigo, Zeus lo obligó a sostener el mundo.

Prometeo puede ver el futuro, esa es su característica principal, y la obra comienza precisamente cuando el titán es encadenado a una piedra que está en un peñasco. Los mismos personajes que lo encadenan, Hefesto, dios del fuego y la metalurgia, y sus ayudantes, Fuerza y Violencia, explican por qué Zeus ha castigado así a Prometeo: el rey del Olimpo quiere averiguar cuál de sus hijos intentará quitarle el trono, como él se lo quitó a su padre, Cronos, este a su abuelo, Urano, y este a su bisabuelo, Caos. Prometeo no se lo quiere decir y esto lo lleva al castigo actual, el cual se verá incrementado con un águila que llegará todos los días a picotear su hígado, el cual ―por ser inmortal― renacerá para volver a sufrir el mismo castigo al día siguiente. El coro de las oceánidas, ninfas hijas del Océano ―antiguo Dios del mar y reemplazado por Poseidón―, visitan al titán y le aconsejan revelar lo que Zeus desea; lo mismo le recomienda Océano, quien también llega a visitarlo.

Prometeo sigue firme en no revelar quién se levantará contra Zeus, pero entonces llega Ío, una mujer convertida en vaca por los celos de Hera, quien descubrió a su esposo, Zeus, seduciéndola. Además, Hera asignó la tarea de vigilar a la chica a Panoptes o Argos, un monstruo de mil ojos en todo su cuerpo (de él viene el concepto «estructura panóptica» del filósofo francés Michael Foucault). Zeus logró liberar a Ío de Panoptes y le permite huir, pero entonces Hera envía un moscardón para que pique constantemente a Ío y la haga correr sin descanso; es así como llega al peñasco donde el titán está encadenado.

Prometeo decide contarle, solo a Ío, lo que Zeus tanto quiere saber. Le revela que ella tendrá que atravesar el mar Jónico (nombrado así por ella: «Iónico») y seguirá huyendo hasta llegar a Egipto, donde encontrará descanso; una vez ahí, regresará a su forma humana, tendrá hijos y, de su descendencia, un grupo de mujeres regresará a Grecia para matar a sus esposos. De todas ellas, solo una perdonará la vida a su pareja y, de esa mujer, nacerá el hijo que traicionará a Zeus. El personaje a quien Prometeo se refiere es Heraclés o Hércules. Así termina la obra y, debido a que la última parte de la trilogía se perdió en el tiempo, desconocemos cómo termina.

Los cantares de gesta en la literatura medieval

Charla impartida el 12 de junio de 2020por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística

Para explicar qué es un cantar de gesta, primero se deben abordar los géneros literarios. No existe una única clasificación de género, pues varía dependiendo la teoría crítica que sigamos, de la escuela o del autor que citemos; sin embargo, se puede afirmar que existen tres géneros literarios básicos: el drama, que es todo lo que se representa las tablas; la prosa, que aborda todo lo que está escrito en oraciones y párrafos (cuentos, novelas y fábulas, por ejemplo ―aunque también hay fábula en poesía―); y la poesía, que es la más fácil de definir puesto que está escrita en versos que forman estrofas y, a veces, contiene rimas (no toda la poesía tiene rima, en especial a partir del siglo XX), métrica (que se mide en sílabas) y ritmo.

Esta última característica, el ritmo, nos recuerda que la poesía está íntimamente ligada con la música; así como en inglés la letra de las canciones es lyrics, en español la lírica es un tipo de poesía. Lamentablemente en español no acostumbramos a llamarle «literatura» a la parte escrita de la música; de hecho, ha habido bastante debate al respecto. Fue hasta el 2016, cuando el premio Nobel de literatura se le otorgó a Bob Dylan, que esta discusión quedó zanjada: al darle la Academia Sueca el Nobel de literatura a Dylan por las letras de sus canciones, quedó claro que la letra de la música sí es literatura.

Dentro de la poesía también existen muchas subdivisiones, pero básicamente se divide en lirica y épica. La primera habla de amor y temas de la vida cotidiana; de hecho, la mayoría de las canciones hablan de eso, de amor en todos los sentidos (desamor, amor de pareja, amor paternal, amor entre hermanos) y de cosas cotidianas (como qué paso ayer, qué quiero hacer; en otras palabras, habla de cualquier cosa que nos pase en el día a día). Por ejemplo, las serranías, que era un tipo de poesía medieval, hablaba de paseos por la sierras; en El libro de buen amor aparecen varias de estas serranías, que no son más que relatos de lo que le pasa a la gente que hace sus días de campo en las sierras en España. Por otro lado, la poesía épica se define porque habla de héroes y de orígenes de los pueblos; héroes en todo el sentido: personajes que hagan cosas heroicas o que, de alguna manera, representen el sentir, la cultura o el espíritu de un grupo humano. La poesía épica también habla de orígenes en el sentido étnico (cómo llegó mi etnia a ser lo que es) y en el sentido mitológico (cómo descendieron los dioses, cuál es la historia de estos, etc.). Por ejemplo, La Ilíada no solo habla de los héroes homéricos, sino que también de los dioses; muchos libros religiosos también son épicas, como El ramayana y La biblia, pues ambos hablan de historia de dioses y del origen de cada pueblo. Dentro de la poesía épica hay otras divisiones, como la epopeya.

En la literatura medieval existían profesionales del entretenimiento, cosa que hoy tal vez comprendemos un poco mejor pensando en la televisión y en todo lo que tenga que ver con ella porque no solamente hay actores, sino también productores, sonidistas, maquillistas y un sinfín de trabajadores más en la industria; esto mismo pasaba con la literatura en aquel tiempo. Teníamos, por ejemplo, a los autores; la gran mayoría eran anónimos debido a que la religión consideraba como pecado la soberbia. Además, se solía considerar que las historias narradas pertenecían a todo el pueblo y no a un individuo; por eso, muchas veces firmaban con el nombre del pueblo al que pertenecían, como el Arcipreste de Hita, autor de El libro del buen amor: «Arcipreste» es un cargo de un monasterio (el encargado de las compras) e «Hita» es un lugar, un pueblo en Castilla-La Mancha. Además de los autores existían los trovadores, quienes serían comparables con lo que hoy conocemos como cantautores; un trovador era la persona que no solamente ejecutaba la música, sino que también la escribía: era el creador de las obras. Un juglar, por el contrario, sería únicamente el artista, el cantante, que ejecutaba la obra, pero no la creaba. Otra diferencia, era que un juglar era un profesional del entretenimiento, pues viajaba de pueblo en pueblo para buscar ferias patronales en dónde presentar obras de teatro, de títeres, leer cuentos en el parque central y llevar a cabo otras actividades que le permitían sobrevivir. Por su lado, los trovadores iban a los puntos de venta en los mercados donde vendían literatura como insumos laborales y compraban las canciones y poemas de moda; en dichos mercados, como hoy, funcionaba la ley de oferta y demanda pues las obras que más gustaban al público (y generaban mayor ingreso para al trovador) eran las mejor cotizadas. El tipo de obra más vendido es lo que hoy conocemos como mester de clerecía y mester de juglaría.

Los mesteres

El mester de clerecía es el nombre bajo el que hoy se agrupa al conjunto de obras que abordaban temas religiosos; era parecido a lo que actualmente se encuentra en cualquier librería cristiana, con temas de crecimiento espiritual, oraciones o biografías de santos, por ejemplo. Recordemos que en la época medieval también existían rezadoras y plañideras profesionales, mujeres que sabían de memoria muchas oraciones, una para cada ocasión (funeral, novenas, rosarios, etc.), y eran quienes usualmente compraban este tipo de literatura. Las plañideras y rezadoras eran, por así decirlo, juglares especializados en temas y eventos religiosos aunque, claro, también había juglares que relataban historias sorprendentes de santos que conmovían al público.

La otra gran categoría de literatura eran los mesteres de juglaría, que abordaban temas de acción, héroes, guerras y hazañas militares; sería lo equivalente actualmente a las películas de acción. Dentro del mester de juglaría encajan los cantares de gesta. El término «cantar» significa que era una obra musical, de canto, y que se acompañaba con algún instrumento musical. No nos quedan hoy las partituras, aunque algunos músicos modernos del siglo XX y XXI han intentado remusicalizar estas obras, como las Cantigas de Santa María. El término «gesta», a lo que se refiere, es al conjunto de hechos memorables, así como a la gestación del origen de la nacionalidad de algunos países, como España. El cantar de los nibelungos, El cantar de Roldán y El cantar del mío cid son los tres cantares de gesta más importantes que quedan de la Edad Media, aunque no los únicos.

El cantar de los nibelungos

Este es el cantar que aborda temas más mitológicos. Fue escrito durante el siglo XIII y narra la historia de Sigfrido, aunque podría afirmarse que, más bien, narra la historia de Krimilda. La obra ha dado pie a muchas otras, como El señor de los anillos de Tolkien y algunos pasajes de Harry Potter de Rowling.

Sigfrido es un hombre inmortal porque se ha bañado en sangre de dragón (de hecho, es un cazador de dragones), pero cuando se bañó, una pequeña hoja de tilo cayó sobre su espalda y se convirtió en su único punto débil; esto nos recuerda a Aquiles en La Ilíada, quien también era inmortal, excepto por un punto en su talón de donde lo sostuvo su madre cuando lo bañó en las aguas de la inmortalidad.

En la primera parte del cantar, Sigfrido encuentra a unos hermanos sacando un tesoro, que es el tesoro de los nibelungos y dicen que está maldito; hay un altercado, los mata y se queda con el tesoro. Luego, Sigfrido llega a un pueblo donde se enamora de la princesa, Krimilda (su nombre es una referencia a Criseida, la esclava arrebatada a Aquiles en La Ilíada). Krimilda tiene un hermano llamado Gunther, a quien no le parece la idea que se case con Sigfrido porque es un desconocido. Entonces, le ponen una prueba: Sigfrido debe ayudar a Gunther a ganarse el amor de la Brunilda, reina de las amazonas, quien ha sido hechizada para mantenerse dormida dentro de un círculo de fuego y solo se casará con quien la despierte para vencerla en un duelo a muerte (esto parece ser un antecedente de La bella durmiente, según los hermanos Jacob y Wilhem Grimm).

Sigfrido se pone su capa de invisibilidad y Gunther finge retar a Brunilda, pero realmente es Sigfrido quien, invisible y en medio de los dos, la vence. Así engañada, Brunilda se casa con Gunther y Sigfrido, con Krimilda. Años más tarde, las dos mujeres se enojan entre sí por comparar las hazañas de sus respectivos esposos. Krimilda, molesta por la falsa victoria que Brunilda alardea de su esposo al haberla vencido, le revela la verdad: fue su esposo, Sigfrido, quien la venció en combate. Entonces, Brunilda se molesta y eso le crea problemas a Gunther, quien manda a su amigo Hagen a asesinar a Sigfrido; para ello, le revela su único punto débil y Hagen logra flecharlo en ese preciso lugar.

Krimilda, ahora viuda, luego de varios años se vuelve a casar. Su nuevo esposo es el rey Etzel (Atila), a quien le pide ayuda para vengar la muerte de su primer esposo. Etzel accede y hacen una fiesta donde invitan a Gunther y a Hagen; una vez ahí, los emboscan para obligarlos a decir dónde está aquel famoso tesoro de los nibelungos que inicialmente tuvo Sigfrido y que, según las habladurías, ellos le robaron antes de matarlo. Ni Gunther ni Hagen dicen dónde está y comienza una gran batalla que termina con la muerte de los invitados. Etzel, al terminar la lucha, se asusta de lo sangrienta que es su esposa.

El cantar de Roldán

Esta es una obra francesa y, si El cantar de los nibelungos era bastante mitológica (un cazador de dragones, una capa que da invisibilidad, etc.), el Cantar de Roldán, no. Sin embargo, tampoco es histórica pues confunde muchos datos, inventa otros y mezcla épocas o personajes históricos con ficticios. Aunque no aborda temas mitológicos, sí tiene mucha carga religiosa, como la Virgen bajando del cielo con un grupo de querubines o el arcángel Gabriel revelándole el futuro en sueños a Carlo Magno.

Este libro fue escrito en 1170 y es atribuido a un monje llamado Turoldo. El cantar de Roldán no solo presenta al primer caballero, sino al primer caballero cristiano con todas las características: un hombre de fe dispuesto a dar la vida por su religión y a matar a tantos infieles musulmanes como sea posible; además, tiene un amor platónico cuyo honor defenderá con la vida. La obra mezcla personajes que sí existieron, como Carlo Magno (aunque fuera de contexto histórico y temporal ya que el verdadero vivió en el siglo VIII), con hechos y personajes totalmente ficticios, como el mismo Roldán.

El libro narra que Roldán era uno de los doce pares de Francia y, junto con Carlo Magno, se dirige a matar moros (musulmanes) a Zaragoza para defender la fe cristiana. Sin embargo, antes de atacar, Roldán sugiere enviar a su padrastro, Ganelón, a visitar al rey de Zaragoza, Marsilio, para negociar la paz. Ganelón cree que la propuesta de Roldán es para que lo maten los musulmanes y decide traicionar a los franceses; para ello, le sugiere a Marsilio que acepte la paz para, luego, atacarlos a traición por la retaguardia, donde estará Roldán. Ganelón convence a Marsilio y durante el ataque, Roldán se niega a pedir ayuda a Carlo Magno y decide enfrentar solo a los musulmanes con los pocos soldados que tiene en la retaguardia. Como cualquier película de acción moderna, Roldán enfrenta a cientos o miles de enemigos y los mata con solo un espadazo; mantiene así la retaguardia por varios días, pero al final se queda solo y, por fin, decide tocar el cuerno para pedir ayuda. Carlo Magno regresa pues, además del cuerno, ha sido alertado en sueños por el arcángel Gabriel; sin embargo, no llega a tiempo y Roldán muere. La agonía de Roldán es muy lenta y se despide en un largo soliloquio: se lamenta de su suerte, recuerda a su amada y encomienda su alma a la Virgen, quien baja a recogerla en compañía de varios querubines para llevarla al cielo. Por su lado, Carlo Magno venga la muerte su amigo.

Al comparar El cantar de los nibelungos con El cantar de Roldán nos damos cuenta de que hay una gran diferencia: el cantar alemán es mucho más ficticio que el francés, aunque este último también tiene mucha ficción.

El cantar del mío cid

Es una obra española y la copia más antigua es la de Per Abbat, del año 1207. Aunque es el libro completo más antiguo en idioma español, no es la obra literaria más antigua en este idioma, pues también existen las jarchas y las moajaxas (poemas de amor de una mujer a un amor imposible), así como las glosas de San Milán, del siglo X u XI, que representan las frases en español más antiguas.

Este cantar está escrito en versos de 16 sílabas con un hemistiquio (división al medio). Según algunos estudios fonéticos, el octosílabo (el tipo de verso que queda al dividir los versos de 16 sílabas) es el verso natural del español; esto quiere decir que cada vez que hablamos, en promedio solemos detenernos cada ocho sílabas. Las palabras «mío cid» en el título significan «mi señor» ya que «cid» y la palabra inglesa «sir» tienen la misma raíz etimológica.

Mientras que El cantar de los nibelungos tiene mucha mitología y El cantar de Roldán tiene carga religiosa, El cantar del mío Cid es totalmente histórico. De hecho, el cid tiene nombre y apellido: Ruy Rodrigo Díaz de Vivar y participó en lo que los españoles llaman «reconquista». Actualmente se critica ese término ya que los españoles no «reconquistaron» nada porque nadie les había quitado ni invadido su territorio; los árabes simplemente extendieron su dominio comercial de África a Europa y, para ello, fundaron ciudades propias en territorios europeos inhabitados.

El cantar del mío cid era una obra que le gustaba mucho al público español del Medioevo, por lo que los trovadores crearon secuelas ficticias, como Las mocedades de Rodrigo que habla de las supuestas hazañas de su niñez. La obra gustaba tanto porque describía cómo una persona, en plena edad media, logró cambiar de estatus social; esto era prácticamente imposible en esta época pues ningún plebeyo podía pasar a pertenecer a la nobleza.

Rodrigo Díaz era el preferido del rey de Castilla, a quien le llegan a contar que este quiere hacerse con la corona. El rey lo cree y lo destierra; sin embargo, le permite que se lleve con él a las personas que quieran seguirlo. Rodrigo logra formar un ejército que lo acompañe y sale de Castilla. Deja a su esposa e hijas en un monasterio y decide que, a partir de este momento, para sobrevivir conquistará ciudades musulmanas para quedarse con el botín de guerra y le dejará el territorio, ya libre de enemigos, al rey de Castilla para que este lo adhiera a su reino; con este gesto espera demostrar que él le sigue siendo fiel y que nunca quiso quedarse con su corona. El rey, a pesar de seguir enojado con Rodrigo, acepta las ciudades, pero, al anexarlas a su reino, Rodrigo sigue siendo expulsado del territorio castellano, así que sigue en el exilio conquistando nuevas ciudades para repetir lo anterior: quedarse con el botín de guerra y dejarle el territorio a Castilla para que lo adhiera a su reino. Así continúa y derrota varias ciudades hasta llegar a Granada, ciudad que decide conservar para sí por su tamaño, belleza y riqueza. Entonces, el rey de Castilla lo llama a su presencia y lo perdona; es más, decide cambiar su vida y hacer que sus descendientes sean nobles. Para ello, decide casar a las hijas del cid con sus primos, los infantes de Carrión, quienes a pesar de ser muy nobles no han administrado bien sus bienes y enfrentan la pobreza. La idea no le gustó a Rodrigo, quien piensa que cada uno nació en un estatus social y que este no debe cambiar; sin embargo, el rey decide llevar a cabo su decisión y el cid solo le hace ver que, si continúa, él no se negará pero que el matrimonio será responsabilidad del rey.

El casamiento se lleva a cabo y hay una gran fiesta, pero los infantes de Carrión son vistos de menos por el mío cid y por su ejército porque no son soldados agresivos, sino cortesanos delicados. Los infantes deciden regresar a Carrión y se llevan con ellos a sus nuevas esposas. Al cid no le gusta la idea pero no puede impedirlo; sin embargo, envía a algunos de sus hombres para que sigan a los recién casados desde lejos hasta llegar a Carrión, pues no confía en sus yernos. Y tenía razón, pues cuando van a medio camino, los infantes bajan a sus esposas del carruaje, las llevan al lado del camino y las golpean salvajemente, insultándolas por haberse atrevido a casarse con ellos ya que tomaron como una afrenta del rey haberlos obligado a casarse con unas plebeyas por dinero. Dan por muertas a las muchachas y se van. Al poco rato llegan los soldados del cid que seguían a los recién casados y rescatan a las muchachas. El cid va con el rey y le recuerda que el matrimonio era su responsabilidad, le explica el crimen de los infantes y le exige un duelo a muerte para recuperar su honor. En la época medieval, ningún plebeyo podía matar a un noble y, menos, retarlo a un duelo, pero habiendo dado su palabra, el rey accede. Llega el día del duelo y el cid, para ofender más a los infantes, solicita que sean dos de sus soldados quienes lo representen en el duelo; el rey lo permite y estos vencen fácilmente a los infantes. Una vez recuperado su honor, el cid da la mano de sus hijas a los soldados ganadores.

La importancia de El cantar del mío cid se centra precisamente en que relata una historia real de cómo un hombre del Medioevo gana fama y riqueza por su propio esfuerzo, cambia su estatus social y obliga al rey a cumplir su palabra al punto de sacrificar la vida de sus propios parientes nobles.

La literatura prehispánica y el «Ollantay»

Charla impartida el 5 de junio de 2020por el Mgtr. Javier Martínez*,editor general de Cazam Ah-----------*Licenciado en Letras y antropólogo*Maestro en Comunicación y en Lingüística

En esta ocasión abordaremos la literatura prehispánica y la obra Ollantay. Debemos comenzar por aclarar qué es la literatura prehispánica y qué tipo de documentos incluye. No todo lo prehispánico pertenece siempre las mismas fechas; en teoría, el nombre nos lo dice: aquello que ocurrió antes de la invasión española («descubrimiento» o «conquista», como quieran llamarlo) y, en una definición simplista, sería todo lo anterior al año 1492, cuando Colón descubrió América según su Diario de navegación. Sin embargo, los españoles llegaron al sur en diferentes épocas. Sabemos, gracias a las crónicas, que para el caso de Centroamérica hablamos más o menos de la primera mitad del siglo XVI, hacia 1530, cuando Pedro de Alvarado, enviado por Hernán Cortés, llegó a lo que después sería el reino de Guatemala. Es importante recordar que, aunque en la historia conocemos más a Pedro de Alvarado, realmente quien jugó un papel importante en la conquista de Centroamérica fue su hermano, Jorge, porque Pedro pasó rápidamente y prosiguió hacia el sur en búsqueda de nuevos territorios, como el imperio inca, del que ya se tenían noticias.

Literatura prehispánica

Si se define «literatura prehispánica» como todo lo producido antes de 1530, nos encontramos con que existen muy pocos de estos códices, pues la gran mayoría fue quemada por el misionero Diego de Landa en 1562, quien consideraba como brujería a estos documentos y afirmaba que iban en contra de la enseñanza del cristianismo. Esta quema ocurrió en un pueblo yucateco llamado Maní y algunas crónicas de la época mencionan que los españoles lloraron al ver la cantidad de libros quemados, pues eran varias piras que median hasta dos pisos de altura. En una sola noche, la del 12 de julio de 1562, América perdió casi toda su historia escrita, pues no solo se perdieron documentos mayas, sino que De Landa ―por medio de cartas enviadas con anterioridad― había organizado a los conquistadores para que le enviaran los códices que encontraran en cualquier rincón de América. Resulta paradójico que se le deba al mismo Diego de Landa el haber descifrado los glifos mayas, pues aunque él pensaba que eran documentos demoníacos, se interesó por entenderlos y, para ello, escribió un vocabulario dónde explicó su uso. Dicho vocabulario, siglos después, se convirtió en una fuente imprescindible para los epigrafistas.

Lo que hoy se entiende como literatura prehispánica consiste en documentos redactados durante los primeros años de la Conquista, ya sea para registrar los sucesos o para rescatar lo que quedaba de la cultura indígena; un ejemplo de lo primero es el lienzo de Quauhquechollan. Este no es un libro en sí, sino un documento pictórico que representa la importancia de la oralidad en la tradición literatura prehispánica; de hecho, nos recuerda que la oralidad es la base de casi todas las literaturas.

El lienzo de Quauhquechollan

El lienzo de Quauhquechollan es un documento gráfico en que los indígenas de este pueblo choluteco (actualmente en Puebla, México) registraron su travesía junto con Jorge y Pedro de Alvarado hacia Guatemala. Se trata de un documentos que funcionaba como una ayuda visual (como una diapositiva actual) para que los narradores no olvidaran los datos más importante de su relato: de dónde salieron, cuántos iban, qué camino tomaron, qué pueblos encontraron, qué sucedió en cada uno, cuáles tenían mercados importantes, qué hechos geográficos atravesaron y, en resumen, todos los detalles de su travesía. En otras palabras, el lienzo de Quauhquechollan era una ayuda pictórica para que los narradores de la tradición oral recordaran el orden de los eventos, los nombres de las ciudades importantes, algunas fechas y los personajes relevantes del relato, pero no es en sí un documento escrito, aunque sí contiene algunos glifos, especialmente nombres de lugares.

Chilam Balam

Mientras el lienzo de Quauhquechollan registraba los sucesos de inicios del siglo XVI, otros documentos intentaban rescatar lo que quedaba de la cultura indígena; de estos hay varios ejemplos, como el Libro de los libros del Chilam Balam y el Popol Vuh. En ambos casos se les considera literatura prehispánica porque no hay duda de que lo que narran es la tradición cultural anterior a la venida de los españoles y, en el caso del Popol Vuh, el friso descubierto en El Mirador donde se representa a Hunapú e Ixbalanqué prueba que el mito más de mil años. Sin embargo, como documento, el Popol Vuh fue escrito después de la venida de los españoles porque durante los primeros treinta o cincuenta años de la Conquista, los indígenas estaban tratando de salvar su cultura. Esto no fue exclusivo del reino de Guatemala, sino que también ocurrió en México, donde se escribieron libros con una intención similar.

El título «libro de los libros» hace referencia a que se trata de un compendio de pequeños documentos de los cuales, el más famoso, se supone que fue escrito por el sacerdote Chilam Balam, quien predijo la venida de los españoles y contiene profecías. Otros libros fueron escritos anónimamente en pueblos como Chumayel, Kawa, Ixil, Maní o Tizimin. En algunos libros que integran el Chilam Balam se habla de historia; en otros, de linajes nobles; en otros, de personajes y sacerdotes destacados; y en otros, de medicina natural. En resumen, cada uno de esos documentos trata de rescatar lo que el autor recordaba de su propia cultura para futuras generaciones.

Popol Vuh

Por otro lado, el contexto del Popol Vuh es diferente y, para comprenderlo, se debe recordar que en 1542 se publicaron las Leyes nuevas en España debido a que fray Bartolomé de las Casas denunció el nivel de brutalidad de la conquista en América. De las Casas escribió cartas, publicó documentos y viajó a la corte española para denunciar la manera en que se atrapaba a los indígenas para esclavizarlos a pesar de que ya existía una ley que lo prohibía; sin embargo, en América los españoles solo cambiaron la palabra «esclavitud» por «naboría» (un término antillano con similar significado) para evadir la Ley. En 1542 se publicaron estas leyes que prohibían clara y abiertamente la esclavitud en cualquiera de sus formas, pero, además, reconocían ciertos derechos a la nobleza indígena.

Para explicar por qué la Corona española reconocía derechos a la nobleza indígena, se debe aclarar que hay un tema muy importante en la historia de América conocido como «el problema legal». Este consistía en que los españoles se preguntaban por qué ellos, y no otra potencia europea, habían llegado a este territorio. En otras palabras, los españoles se preguntaban qué argumentos legales esgrimir para evitar que Inglaterra o Portugal se apoderaran de los territorios americanos. Para ello fueron con el Papa Alejandro VI y le pidieron que promulgara la Bula Intercaéteras, un documento en el cual se dividía el mundo con una línea imaginaria sobre el océano Atlántico: todo lo que estuviera al este de esa línea (África) sería de Portugal y lo que estuviera al oeste (América), para España. Lo que no sabía el Papa era que, años más tarde, descubrirían que América se inclinaba al este y que, por lo tanto, su línea pasaría sobre el territorio que hoy conocemos como Brasil, dándole así propiedad a Portugal sobre aquel territorio.

Lo que nos interesa es que con la Bula Intercaéteras los españoles por fin tuvieron un documento legal para poseer América; sin embargo, este seguía una lógica teológica: Dios había creado la Tierra y, por ende, era su dueño y señor; para gobernar, Dios había elegido a ciertas personas: los reyes; Dios, a través de su representante en la Tierra, el Papa, delegaba su autoridad y propiedad a los reyes. Entonces, si el Rey de España, como todos los reyes del mundo, había sido elegido por Dios, debía admitirse que la nobleza americana también había sido elegida por Dios y que tenía cierto derecho divino. Es por eso que en las Leyes nuevas se reconoce a la nobleza local y se le otorgan derechos especiales, como tener servidumbre y cobrar cierto tipo de impuesto menor; aunque había otros privilegios (como portar espada, vestirse como españoles y montar a caballo), los dos primeros eran los que le interesaban a la nobleza local.

Para demostrar que un indígena había sido noble, se debían presentar documentos legales ante los juzgados españoles en América. Dichos documentos, como hoy, se llamaban «memoriales», como el Memorial de Sololá; por lo tanto, la palabra «memorial» en esos libros no hace referencia a que sea una memoria, sino a que es un documento legal que relata la historia familiar de un individuo para identificarlo como descendiente de nobles; algo parecido a lo que hoy se hace en un intestado. En América, como en España, los nobles habían sido elegidos por los dioses, por lo que el documento terminaba haciendo referencia a narraciones mitológicas y etnohistóricas. En otras palabras, tendríamos que entender el Popol Vuh al revés: su última parte presenta una lista de nobles del pueblo quiché, quienes descienden de los cuatro héroes (Iqui Balam, Mahucutah, Balam Acab y Balam Quitzé) que dirigieron la migración desde el norte, migración que comenzó cuando salieron de las cuevas gracias a que Hunahpú e Ixbalanqué limpiaron el mundo de los monstruos, como Vukub Caquix y Zipacná, monstruos que venían de Xibalbá, lugar al que bajaron los gemelos Hunapú e Ixbalanqué para vengar la muerte de sus padres, padres que fueron creados por Corazón del Cielo después de varios intentos con palos y con lodo hasta usar masa de maíz. En otras palabras, el Popol Vuh es un documento que demuestra el linaje de los últimos nobles quichés (que, por cierto, eran de apellido Cauec o Kawek).

Rabinal Achí

Se ha afirmado que todos los documentos anteriores fueron escritos después de la llegada de los españoles, pero hay uno que es cien por ciento prehispánico y que representa cómo era la tradición literaria de aquella época; se trata del Rabinal Achí. Esta obra teatral y de danza continúa representándose anualmente en el pueblo Rabinal, Baja Verapaz, Guatemala; aunque se transmitió oralmente, de actor a actor, durante generaciones desde el siglo XV, a mediados del siglo XIX el sacerdote Charles Brasseur de Bourbourg la transcribió gracias a los dictados de Bartolo Sis.

Vale la pena mencionar que hay dos hechos que comprueban que el Rabinal Achí es anterior a la venida de los españoles: uno es su final, que es un sacrificio humano en el altar, rito arduamente perseguido y prohibido por los españoles; por lo tanto, el Rabinal Achí tuvo que haberse escrito antes del contacto con los europeos para incluir este ritual. El otro hecho es que el lenguaje en el que está redactado, idioma maya achí, no es completamente comprensible para sus hablantes actuales, pues incluye arcaísmos y palabras en desuso debido al paso del tiempo; esta dificultad es similar a la que encuentra cualquier hablante actual de español al leer el Cantar del mío cid, por ejemplo. Las dificultades lingüísticas en el Rabinal Achí implican que fue escrito alrededor del año 1400.

El principal problema de la literatura prehispánica es, entonces, que fue escrita durante los primeros años de las Conquista; o sea, durante la primera mitad del siglo XVI e, incluso, fue escrita en alfabeto español ya que facilitaba la representación fonética del respectivo idioma maya.

Ollantay

El Ollantay, al igual que el Rabinal Achí, es una obra dramática quechua del siglo XVIII, cuyo original estaba en poder del sacerdote Antonio Valdez. Se debe recordar que «drama» quiere decir «teatro» y que es una mala interpretación asumir que «dramático» significa «trágico». La tragedia es un subgénero del drama y se caracteriza por que el personaje principal tiene un final infeliz; que algo sea «dramático» significa que tiene la finalidad concreta de ser montado en escena.

Ahora bien, el problema con el Ollantay es que hay dudas acerca de su origen; una teoría afirma que es 100 % inca o quechua porque presenta una gran cantidad de escenarios (15) en una sola obra teatral, lo cual no coincide con la tradición europea que, para entonces, tomaba más en cuenta los aspectos prácticos del montaje. Otro de los argumentos para afirmar que Ollantay es prehispánica consiste en que narra hechos prehispánicos, con personajes, lugares y personajes completamente incas; además, claro, de estar escrita en quechua (aunque en alfabeto español).

Por otro lado, algunos afirman que Ollantay no es una obra prehispánica y aseguran que se trata de una obra escrita por un español que se inspiró en un mito inca y que, como era normal durante el Siglo de Oro, quería probar suerte como escritor dramático. Quienes defienden este argumento afirman que en Ollantay hay un personaje secundario que corresponde al estereotipo del «gracioso» o «cómico» que identificaba al teatro español de esta época. Otras características europeas en Ollantay son el perdón imperial que al final se le otorga a uno de los personajes, así como su estructura en tres actos. Algunas personas agregan que la escritura de la obra en verso es otra característica europea de la época, pero este argumento es débil ya que muchas obras teatrales, en distintas épocas, lugares y culturas, han utilizado el verso y la rima para facilitar la memorización de los actores, no solo el teatro español. De hecho, prácticamente todo el teatro del mundo fue escrito en verso hasta finales del siglo XIX e inicios del XX, cuando empezó a escribirse en prosa.

Hay una tercera teoría que trata de unificar las anteriores y afirma que Ollantay es una historia hispano-inca porque seguramente fue una obra quechua representada oralmente (igual que el Rabinal Achí), pero que después del siglo XVIII alguien la fijó en papel; además, quien la haya escrito en papel, aprovechó para hacer algún tipo de adaptación que «mejorara» la pieza según los estándares de su época.

Ollantay es una historia de amor y de cómo las clases sociales dividen a una pareja (tema europeo, según quienes sostienen el origen hispánico de la obra). Por un lado tenemos al Inca, quien tiene una hija enamorada de un guerrero; al Inca no le parece esta relación. Por su lado, el guerrero es leal, pero orgulloso y corresponde al amor de la princesa.

El amor puede más que los jóvenes y deciden ignorar las órdenes del Inca. La princesa queda embarazada y el padre la esconde para evitar el deshonor; para ello, la convierte en una especie de monja (otra característica de quienes defienden el origen hispánico) y la encierra en un convento, donde tiene una niña. La separan de su hija, quien crece y es educada en el mismo lugar, pero sin conocer a su madre, quien está encerrada en una celda. Mientras tanto, el guerrero fue enviado al frente de batalla para morir, pero no sucedió así. El guerrero se entera de que la princesa desapareció y piensa que fue asesinada por su padre; entonces, se rebela contra el Inca y lidera un ejército para derrocarlo. Pasan los años y nadie gana la guerra. El rey, al final, muere de viejo y su hijo mayor es coronado; el guerrero es vencido por el ejército del nuevo Inca, quien lo manda a traer a su ciudad y le perdona la vida. En ese momento, el resto del nudo se resuelve al aparecer la niña, quien se acaba de enterar de su origen noble y le ruega a su tío la liberación de su madre. Al estar presente el guerrero, se da cuenta de que hablan de su amada, quien sigue viva, y de que aquella niña es su hija.